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Estas páginas son una invitación para compartir nuestros flechazos del momento, ¡Morbihan en estado puro! Un nuevo restaurante, una habitación para alquilar bastante inusual o una excursión para explorar la zona: descubra aquí nuestros encuentros más punteros. Este mes, hemos comprobado para usted…

UNA SALIDA EN FAMILIA: PASEO EN CANOA POR EL RÍO CRACH

  • Balade en kayak à la trinité sur mer © Morbihan Tourisme

     

  • Balade en kayak à la trinité sur mer © Morbihan Tourisme

     

  • Balade en kayak à la trinité sur mer © Morbihan Tourisme

     

Este miércoles de septiembre nos hemos reunido con la naturaleza. No hay ni un minuto que perder, ¡todos al coche, carretera y manta! Destino: ¡Trinité-sur-Mer! Después de zamparnos el picnic en el puerto, salimos en dirección al pontón. Son las dos de la tarde y Julien —del Nautic Sport— nos espera cerca de nuestras embarcaciones para el día: tres canoas biplazas. Aunque los niños están locos de la emoción, primero hay que escuchar con atención las normas de seguridad y navegación. Cada uno va equipado con un chaleco salvavidas, se ajusta las gafas y el casco y, tras una pequeña exhibición de equilibrismo, ya estamos sentados en nuestras canoas, los niños delante y los adultos detrás. Es hora de tomar un punto de referencia y de empezar a remar con el zagual, que marcará el ritmo de la excursión.

Después de colarnos disimuladamente entre los veleros que se alinean en los muelles, pasamos por debajo del majestuoso puente Kerisper y volvemos a lo largo del río Crach. Comienza una sobremesa sobre el agua. Vamos siguiendo los meandros del río con asombro y buen humor. Todo está en calma y nos relaja… Alejados del ruido, de la gente y del viento, descubrimos nuevos paisajes y saboreamos estos momentos en familia. ¡Mira! Una gaviota se deja caer en picado y emerge del agua triunfante. Espera, ¿las gaviotas qué comen? Todo el mundo tiene su hipótesis, hasta que la respuesta nos salta a la vista: un pequeño banco de peces se desliza junto al borde de la canoa; los más audaces saltan, retorciéndose en el aire. ¡¡Ajá!! La carrera ha comenzado, pero la naturaleza sigue su curso y en seguida nos dan esquinazo. ¡Cuánto esfuerzo! Ya es hora de tomarse un descanso. Bueno… no había contado con la energía desbordante del benjamín de la familia. Con un golpe del remo, se divierte salpicando a su hermana, la cual no tiene ninguna intención de dejarse. Tras unas cuantas idas y venidas más por el agua salada y tras otras muchas risas, acabamos todos bastante mojados. En este día soleado, ¡refrescarse un poco tampoco viene nada mal!

Como si de un retorno a la calma se tratara, decidimos dejarnos llevar por la corriente y admiramos apaciblemente las zonas donde abundan las ostras. La marea está alta, podemos incluso navegar a través de los bancos de ostras. Durante el paseo, descubrimos un río generoso, donde la flora y la fauna medran sin problemas, lejos del bullicio de la ciudad al que por desgracia debemos regresar. Se anuncia el viaje de vuelta al puerto. Si bien ha sido una salida repleta de sensaciones y un pelín agotadora, más que nada ha sido el reflejo de una naturaleza virgen y accesible para todo aquel que quiera acercarse con suavidad. Es un aviso para los aficionados…